Ese placer que se oculta en el ano

Dionisio me estaba follando, y yo me sentía muy feliz porque había olvidado la existencia de Gracia, que seguía siendo su novia y mi mejor amiga. Durante un instante me quedé asombrada de lo fácilmente que había sucedido todo. Luego, el placer me hizo olvidar cualquier otra cosa.

—¡Yo también estoy aquí...! —exclamó una voz que conocía muy bien.

Me llegó en un tono dulce, bajo, sensualísimo y sin ira. Abrí los ojos, y en la puerta de mi habitación vi a Gracia.

—¡Hacía mucho tiempo que esperaba este momento! —gritó, y yo la miré, asombrada, y sin comprender nada de lo que estaba sucediendo.

—¿No estás furiosa?—balbucí, aturdida por el placer que crecía en mí.

—¿Furiosa? ¡Pero si hace mucho le decía a Dionisio que estabas madura y que yo podía follarte! Sabía que vendrías muy contenta a la cama con nosotros, y que por fin repararías en mí no sólo como amiga, sino también como mujer...

—Pero yo... Yo quería quitarte el novio... —me expliqué, intentando razonar—. Yo creí que me ibas a odiar.

—Si tú me lo quitases, realmente te odiaría, en efecto... Pero Dionisio sigue siendo mío. Eres tú la que te has convertido en algo nuestro. Tengo deseos de... de «follarte» también yo. Hace mucho que siento esa necesidad... ¿No te habías dado cuenta?

—No... —reconocí.

Era cierto que Gracia a veces se mostraba conmigo muy abierta y falta de todo pudor. Venía a mi casa y se quedaba desnuda; levantaba mi falda, para decirme que mis muslos son estupendos; también me ponía las manos encima por cualquier tontería; sin embargo, los consideré gestos amistosos, casi fraternos.

—Ahora ya lo sabes... —exclamó Gracia, echándose a reír.

Había comenzado a desnudarse y, en un instante, se quedó sin nada encima. Y me sentí aturdida por el goce y por la sensualidad que me estaba invadiendo... Realmente, encontré muy bella a Gracia, ¡y muy sexy, casi tanto como yo!. Entonces Dionisio gritó que estaba a punto de correrse; y, en efecto, se contrajo y estalló en un primer orgasmo. Sentí el chorro cálido que inundaba mi vientre, y le apreté aún más la polla, con amor. Pero yo no me había corrido...

El guapo mozo se tendió a un lado de mi cuerpo, agotado, con una mano sobre mis tetas, acariciándolas. Me besó en la boca, y yo, inundada de estremecimientos, me abandoné a aquella caricia hasta que, de pronto, noté algo más... Gracia me estaba abriendo aún más las rodillas, para tenderse entre mis piernas, con la boca en el interior de mis muslos. Acto seguido, su lengua ascendió nerviosa hasta mi coñito. Y acusé perfectamente el contacto de aquella atrevida, que se abría paso entre los labios mayores y menores, buscando el punto mágico de la felicidad: el clítoris.

¿Cómo iba a poder expulsarla de allí cuando me sentía a punto de coronar mi orgasmo? En aquel momento me sentí morir, perdí la cabeza y no recordé cómo me llamaba... ¡Ni siquiera pensé que me estaba besando y chupando una muchacha, mi mejor amiga!

Al abrir los ojos, minutos después, me di cuenta de lo sucedido. Por eso me obstiné en ser follada por Dionisio.

Sin importarme la presencia de Gracia, ya que me sentía hervir, forcé al macho a montar un 69. Al comienzo le apliqué una mamada con vigor y suavidad, consiguiendo que mi lengua tiesa siguiera el curso de sus gordas venas, mientras él jugaba con mi clítoris hasta que lo dejó erecto, dispuesto para ser besado con lo que le humedecí los labios; esta lubricación me provocó una fantástica sensación. Pero, más tare sentí deseos de acercarme más a él, de tenerlo más dentro de mí...

Esto sólo podía conseguirlo succionando sus cojones y lamiéndole el valle de las entrepiernas.

En esta lujuriosa postura, mi olfato se llenó del excitante olor que nacía de la entrada de su culo. Hasta ahí fui llevando mi lengua, a la vez que le entreabría los glúteos con las manos; conseguí que mi cara se sumergiera en su zona. Entonces, haciendo que mi lengua se pusiera tiesa, la obligué a perforar todo lo que me fue posible...

Dionisio se estremeció de placer, y todo su cuerpo se enardeció. Seguidamente le clavé otro poco más, y me puse a moverla lo mismo que él hacía con su polla al follarme. Mientras tanto, su boca y su lengua seguían en mi coñito, trabajando lo suyo. Actuaba como un vibrador... ¡Por eso el orgasmo nos llegó a la vez simultáneo!

Hoy, Gracia y Dionisio están muy contentos, felices, pues yo les he hecho descubrir el placer que encierra el ano cuando es excitado sabiamente. Y los dos han comenzado a penetrar en mi entrada trasera. De verdad, nos sentimos muy felices con esta práctica sexual.


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