Follar con un loco

Aquel chico me gustaba. Además, habíamos salido ya varias veces juntos, habíamos tomado copas, habíamos bailado, nos habíamos besado y magreado, y él decía que me quería... Entonces, ¿por qué no iba a costarme con él?

La verdad es que me apetecía. En cuanto me ponía una mano encima, me daban como sacudidas eléctricas. Iba ya loca por follármelo. Así que, en cuanto me dijo de ir a su apartamento, no lo dudé. Sólo me faltó irme quitando las bragas en el ascensor, para no perder tiempo. Y él iba por el estilo...

En cuanto entramos en el apartamento, me abrazó para besarme, y noté como si me clavara en el vientre un tubo de hierro. Pero no era hierro, precisamente. Lo pude ver cuando se quitó los pantalones delante de mis narices, al tiempo que me comía las tetas a lengüetazos.

¡Qué emocionante es eso de irte desnudando de mala manera, mientras tu hombre se despelota también, sin dejar de darte besos, mordiscos, apretones... Es el momento que más me gusta. A veces, me corro viva con esas maniobras. Y con él también me corrí. Pero no digo nada, y dejo que sigan. Total, al me dio minuto ya estoy echando lumbre otra vez...

Luis, que así se llama mi amigo, es un gran experto. Me dejó en pelotas casi sin enterarme, al tiempo que se frotaba la enorme polla con mis tetas, que me la metía en la boca, que me masajeaba el clítoris, que se restregaba contra mis nalgas, que me lamía las rodillas, haciéndome temblar y caerme sobre el sofá... (Parecía una máquina)

Yo bastante tenía con irle siguiendo el juego como podía, jadeando de excitación y de gusto. Pero ya empecé a sorprenderme cuando se tumbó en el suelo, metiéndose entre mis muslos abiertos, y comenzó a comerme el coño... ¡y a hacerme una paja!

—Pero, chico... ¡métemela! —sollocé, al ver aquello.

Sin embargó, Luis aceleró los lametones sobre mi clítoris; y aceleró también los movimientos de su mano. Y a mí me puso tan caliente, que no pude evitar el correrme a gritos, con la lengua dentro de mi vagina, y viendo cómo él rugía de gusto ¡y de su colorada cabezota saltaban blancas gotas de leche!

Nos quedamos moribundos, tumbados el uno al lado del otro.

—¿Por qué has hecho eso? —le pregunté, asombrada—. Podías haberte corrido dentro de mí. Tomo la píldora y no hay peligro.

—Luego —repuso él, con los ojos entornados—. Ahora, tócamela para que se ponga otra vez dura.

No me hice repetir la orden. Mi mano empezó a juguetear con aquella cosita blanda, con sus dos bolitas colgantes, con el vello de su vientre ...Y no tardé en notar que la cosita blanda se convertía en algo más serio y duro.

—Ya estás cachondo otra vez —comenté—.¡Eres un tío caliente!

—Con una mujer como tú, se calienta un muerto —repuso él, mordiéndome en el cuello.

Vi que venía de nuevo a por mis tetitas, y me di la vuelta, ofreciéndole mis nalgas abiertas; mientras, pedía:

—No te entretengas... ¡Métemela!... ¡Dame arriba y abajo, que es lo que me gusta...!

En seguida lo sentí detrás de mí. Metió sus dedos para abrir los labios de mi coño ansioso; y noté cómo la cabezota entraba, produciéndome un gusto loco. ¡Y como entraba todo lo demás, y como salía, y como entraba de nuevo, con más fuerza!

Cerré los ojos y empecé a gozar de aquella maravilla de follada. ¡Eso era lo que me volvía tarumba, una buena polla dentro!

Así, que, gimiendo de gusto, le pedí más despacio, más deprisa, a lo bestia... Hasta que me corrí dando saltos y me caí de lado, extenuada.

Y, entonces, vi lo asombroso: él se la estaba meneando, ¡y yo seguía teniendo dentro «su polla»!. Me había metido una de goma, en lugar de la auténtica, porque según me confesó, después le daba asco meterla dentro de un coño! ¡Sólo gozaba meneándosela delante de una mujer!. Sin embargo, ¡me había comido hasta la matriz!

¿Se puede encontrar un hombre más loco en el mundo?

NURIA - MÁLAGA


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