Mi querida prima

Voy a contarles una historia que me ocurrió estas vacaciones. A primeros de agosto, mi tía me llamó para pasar unos días con ellos en un pueblo de la provincia de Valencia. Aunque esta localidad no tenía mucha diversión, hacía bastante calor y con mi prima me lo podía pasar estupendamente.

Al llegar allí lo primero que llamó la atención fue lo joven y guapa que estaba mi prima. Recordé que la última vez que nos habíamos visto era una niña de apenas 14 años. Y ya contaba 18. Por mi parte, había cumplido los 24 y, al decir de las mujeres con las que había echado algún polvo, no estaba nada mal como macho.

Una mañana me levanté temprano. Antes de entrar en el cuarto de baño, advertí que la puerta de la habitación de mi prima estaba abierta. Me asomé sin ninguna doble intención, y lo que contemplé me dejó perplejo: ella se hallaba en la cama, vestida pero con las bragas bajadas y, la falda un poco levantada. Y con la mano se “pelaba” el chocho, lo que me puso a cien por hora.

En el interior de mi slip —era la única prenda que yo llevaba encima— noté como si mi verga estuviera acusando una descarga eléctrica. Me sentí indeciso, sin saber qué hacer.

Entré en la habitación y le pregunté:

—¿No crees que yo te podría ayudar?

Ella se quedó sorprendida, pero me contestó sonriendo:

—Claro que sí, cariño.

Sin perder tiempo me acerqué a su apetecible cuerpo, y nos entrecruzamos las lenguas en un beso interminable. Después, le quité la blusa y me volví tarumba. Contemplando sus firmes tetas me parece que “enloquecí”. Las lamí, las succioné y las mamé hasta producirle un pequeño orgasmo. Y ya le quité la falda y las bragas.

Me fui a encontrar con un negro y gran coñazo, que además resultaba bastante peludo. Era lo que a mí me gustaba.

—Terminaré de hacerte la paja, primita.

Le abrí las piernas y le lamí el coño, enredando mi lengua entre sus pelos. Más tarde, la introduje en su raja. Su orgasmo fue fenomenal. Después me tocó el turno. Lo primero que hizo ella fue quitarme el slip. Pero, nada más que vio mi polla, se quedó anonadada. La tengo de veinte centímetros. Lo curioso es que ni siquiera me la tocó. Prefirió que me diese la vuelta, me abrió las nalgas y me chupó el culo, penetrando su lengua en mi agujerito.

Luego, me lamió por el cuerpo, que finalizó al decidirse a masticar mis huevos. Finalmente, se metió mi verga en la boca, hasta que yo me corrí sin poderlo resistir. Ella recogió mi leche en su garganta, que pasó toda a la mía para que me la tragara.

Descansé diez minutos; mientras, mi prima se toca su piel. Mi polla se puso de nuevo dura. Esta vez me decidí a cogerla, para darle la vuelta. Después de lamerle el culo, se la metí sin parar hasta que se corrió.

Entonces la aticé por delante. Follamos y cabalgamos durante mucho tiempo, sin detenernos hasta que conquistamos un doble orgasmo. Realmente me notaba bastante cansado, lo que no me impidió recoger mi propia leche de su coño. Un caldo delicioso al verse combinado con sus jugos. Terminamos bebiendo este néctar entre los dos... ¡ESTABA BUENÍSIMO!

Desde aquel momento nos vimos muy a menudo, para follar locamente. Un día mi prima compró nata, se la esparció por el chocho y me invitó a comérmela. Viendo lo excitado que yo me mostraba, se volvió bastante dominadora. No me desagradó que tomara este papel.

En la actualidad, cuando me corro ella guarda mi leche combinada con sus caldos en un bote. Y al finalizar la follada, me obliga a tomármelo. Reconozco que esto me desagradaba al principio, pero ya me encanta.

MANUEL - ALICANTE

 


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